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La Opec rechaza la hegemonía de Estados Unidos

Los países productores de petróleo rechazaron un pedido estadounidense para no bajar la producción. China e India importan mucho más crudo ruso que antes, lo que implica desembolsos por US$9.000 millones. Se pronostican problemas para la economía europeo.

En términos históricos, lo que puede ser, surge de lo que es y ha sido. No hay una ruptura entre el presente y el futuro, sino una continuidad, porque lo posible surge siempre de lo actual.

China e India importaron 11 millones de barriles de petróleo de Rusia en el segundo trimestre del año, comparado con el primero, lo que significa que sus pagos se incrementaron en más de U$S 9.000 millones en ese periodo.

La diferencia entre el primer y el segundo trimestre es la Guerra de Ucrania – que comenzó con la invasión rusa el 24 de febrero de este año -, sumada a las sanciones impuestas a Rusia por EE.UU., la Unión Europea, y Gran Bretaña.

El efecto combinado de estos dos hechos históricos provocó una caída de las exportaciones energéticas rusas a Europa de más de 30%; a esto hay que sumarle el hecho de que las grandes transnacionales petroleras de EE.UU. y Gran Bretaña/Holanda (Shell) dejaron de comprar petróleo ruso, en una cifra que puede estimarse en más de 3 millones de barriles diarios.

Lo notable es que esas pérdidas fueron más que compensadas por las compras de los grandes países asiáticos, en primer lugar India, que tras adquirir 0,66 millones de toneladas de petróleo ruso en el primer trimestre trepó a 8,42 millones de toneladas en el segundo.

Sólo en el mes de marzo Rusia exportó 360.000 barriles de crudo por día a India, cuatro veces el promedio de 2021 en igual periodo (India es el tercer consumidor mundial de energía después de EE.UU. y China, tiene 1.500 millones de habitantes, y sería la tercera economía del mundo en 2025).

India le compra a Rusia petróleo de la variedad Ural (que es el Brent del continente euroasiático), y su precio es 30% inferior al de sus alternativas europea o estadounidense (West Texas).

Esto implica que las compras indias del petróleo ruso se realizan con un descuento de 30%, o más; y el ahorro le ha significado hasta ahora más de US$1.500 millones.

Las ventas del crudo ruso a India se realizan cuando ha ocurrido una caída generalizada de los costos del transporte marítimo en la etapa post-pandemia, que puede estimarse en una disminución de los fletes en más de 15%/20%. Por eso, hoy, el transporte vía marítima prácticamente equivale a los costos de su transferencia por los ductos de Gazprom que lo llevan de territorio ruso al continente europeo.

India importa 85% del total de su demanda de petróleo y gas; y la Guerra de Ucrania, más la compra masiva del petróleo ruso, han aumentado el precio de la energía en su mercado doméstico solo 5% en relación a 2021 (a diferencia de Europa dónde el precio de la energía ha trepado 700% el último año).

En cuanto a China, recibe el petróleo y el gas ruso a través de 3 ductos provenientes de Siberia y Kazajistán, y dos más están en construcción; y esto sucede cuando la República Popular es la principal importadora mundial de energía, con compras por más de 9 millones de barriles diarios, de los cuales Rusia provee casi un tercio en una tendencia nítidamente ascendente; y EE.UU. es su principal proveedor de gas líquido (LNG), al punto que adquiere más de la mitad de sus exportaciones.

El riesgo que enfrenta Europa es que su carencia del gas ruso adquiera un carácter permanente, no ligado a la duración de la Guerra de Ucrania, sino por obra de un re-direccionamiento irreversible de la energía rusa hacia sus nuevos clientes asiáticos, China e India en primer lugar.

En ese caso, la industria europea, especialmente la alemana, perdería definitivamente su ventaja competitiva fundamental en el mercado global. El “milagro alemán” que transformó a un país destruido por la guerra en la tercera potencia manufacturera del mundo es inseparable de la provisión de gas ruso, esto es, de disponer de una variable energética confiable y de bajo costo en los últimos 20 años.

A su vez, Europa en su conjunto vería reducida cada vez más su relevancia internacional, con una pérdida sistemática y acumulada de competitividad frente a las dos superpotencias de la época, EE.UU. y China.

Esto ocurre en el mismo momento en que la OPEC (Organización de Países Exportadores de Petróleo), liderada por Arabia Saudita, resolvió rechazar un pedido expreso del presidente Joe Biden de EE.UU., y recortó su producción en 2 millones de barriles diarios, con el objetivo de aumentar el precio en el mercado mundial.

Esto se logró de inmediato trepando a US$93,96 por unidad, a partir de US$80/84 por barril de hace 15 días, y ahora alcanzaría a US$100 por barril a fin de año.

De esta doble situación emergen dos nítidas conclusiones: China/India/Asia es el nuevo centro de la economía mundial, mientras que Europa queda atrás irreversiblemente; y luego, es una evidencia que EE.UU. con el presidente Joe Biden a la cabeza, no ejerce más el poder mundial, y observa impotente como el sistema global adquiere un carácter multipolar, lo que deja atrás para siempre, en un remoto pasado, la hegemonía unipolar norteamericana, que se agotó definitivamente en 2008, cuando la crisis de Lehman Brothers en Wall Street.

Por eso, una tercera conclusión, surgida de las dos anteriores, es que cuando la OTAN adquiere un carácter estrictamente global, nada puede su potencia militar frente a las tendencias divergentes de la época.

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