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América Latina tiene que jugar un papel importante en el mundo del futuro

A Enrique Iglesias, el ex presidente de Costa Rica, José María Figueres, suele llamarlo “el presidente de América Latina”. Y no es para menos. Don Enrique, discípulo del brillante Raúl Prebisch, fue secretario ejecutivo de la Cepal (1972-1985), presidente del BID (1988-2005) y secretario general iberoamericano (2005-2014). Además fue canciller de Uruguay (1985-1988) bajo la presidencia de Julio María Sanguinetti. Actualmente, además de arriba de los aviones, vive entre Madrid y Montevideo, entre otras muchas actividades, preside su propia Fundación Astur, que trabaja en pos de una vejez activa, y es asesor del Alto Representante de la Política Exterior de la UE para la paz en Venezuela. Esta es la cuarta de una serie de entrevistas a académicos, diplomáticos y referentes económicos que nos acercan visiones alternativas sobre este mundo en transición impactado por la pandemia y la guerra.

—La pandemia y la guerra de Ucrania sacudieron el mundo en estos últimos dos años. ¿Qué cambios van a perdurar a mediano y largo plazo?

—Lo más relevante es el fin de la Pax Americana y el comienzo de una nueva época en el mundo. Es una nueva etapa en la que habrá que vivir y convivir. Se juntaron muchas cosas. Una pandemia que aún mantiene su influencia; un conflicto en Ucrania que no se esperaba que ocurriera; y los impactos económicos que todo esto genera, como una expansión inflacionaria preocupante en varios países. Estamos en un período muy complejo que exige una gran visión de largo plazo de los líderes del mundo para encontrar acuerdos que permitan encauzar estos fenómenos.

—En ese sentido, ¿cómo evalúa la situación actual de la OTAN y la relación de Europa con EE.UU.?

—La Alianza del Atlántico Norte se ha ido profundizando y expandiendo más allá de los campos militares, hacia asuntos económicos, políticos y sociales. Y el conflicto actual en Europa ha consolidado la alianza. Veremos cómo evoluciona esa relación en los próximos años, pero espero que se constituya en una fuerza activa que ayude a encontrar los grandes equilibrios que el mundo necesita para seguir creciendo y enfrentando los temas tan complejos como la pandemia, el cambio climático y otros asuntos centrales para el futuro de la humanidad.

—¿Cómo afectan estos cambios a América Latina?

—La región también se vio afectada por la pandemia y la guerra, aunque con algunas características propias. Sufrió las consecuencias negativas, al igual que el resto de los países, pero se benefició porque América Latina es productora de materias primas, que mejoran su posición en los momentos de dificultades como el actual. La región tiene un potencial enorme en alimentos, metales, energía y un rubro fundamental para la humanidad, como es la reserva de agua. Por todas estas variables, América Latina tiene que jugar un papel importante en el mundo, un papel que no está jugando. Está en silencio y necesita hacerse presente, no solo con su potencial económico, sino con mayor protagonismo en el diálogo internacional. Me preguntaste por la Alianza del Atlántico Norte, pero creo que también hay que ocuparse del Atlántico Sur. América Latina y África forman parte de ese Atlántico Sur, que de alguna manera también tendrá que posicionarse en la gran política internacional.

—El multilateralismo está en crisis, ¿tiene sentido defenderlo en el mundo actual?

—Sin dudas, hay una gran diferencia entre el multilateralismo de hoy y el multilateralismo de hace 75 años, cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. Existen nuevas potencias y nuevas realidades políticas, económicas y sociales. Hay que redefinir el multilateralismo en función de esta realidad. Pero sus principios siguen siendo válidos si el mundo quiere convivir en paz, en progreso y enfrentar los problemas comunes que debe enfrentar, que son muy importantes. Desafíos como el cambio climático y las pandemias deberían unirnos porque solo pueden ser abordados en forma colectiva, civilizatoriamente. Por eso, si el multilateralismo tenía sentido hace 75 años, hoy lo tiene mucho más.

—En los últimos años se han multiplicado las críticas al Mercosur. ¿Tiene futuro como bloque comercial?

—Soy muy partidario del Mercosur desde su nacimiento y lo sigo siendo ahora. Y en este momento que atraviesa el mundo, creo que es más importante que nunca. El Mercosur debe hacer un análisis muy serio sobre su posición en el mundo actual, este mundo en confrontación, para asegurarse una presencia activa. Y los países del Mercosur deben actuar en forma conjunta. Es fundamental para mantener la unidad, la fuerza y la capacidad de actuar en el escenario internacional.

—¿Y la alianza con la comunidad iberoamericana?

—Estoy convencido de que ha sido, y constituye hoy, un gran potencial del que disponemos como región, no solamente por el lado de los valores y la cultura en común que nos hermana sino, también, por el factor económico, que permitió una muy fuerte presencia de la península Ibérica en América Latina y hace un tiempo, también, de América Latina en la península Ibérica. Mirando hacia el futuro nosotros debiéramos imaginar una posición de América Latina muy activa y, cada vez, más importante, en las relaciones con Europa, y la península Ibérica es un buen puente para llegar a esa conclusión.

—¿Cómo ve la situación actual de Argentina?

—Siempre estuve convencido del potencial económico y social de Argentina. Es algo que se veía con fuerza ya a principios del siglo pasado. Pero, para aprovechar ese potencial, el país necesita grandes acuerdos políticos que le permitan consolidar su presencia en el mundo y expandir su capacidad de cooperación. Deben identificarse ciertos temas centrales sobre los cuales fijar grandes acuerdos políticos para que esa potencialidad pueda ponerse de manifiesto.

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