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Con la inflación apuntando a 60%, la carrera ahora es por indexar todo lo que se pueda

La vicepresidente Cristina Kirchner felicitando al jefe del gremio bancario, Sergio Palazzo por haber cerrado en 60% el aumento para este año es una de las patas de la carrera por indexar todo lo que se pueda, incluso por encima de las estimaciones de la inflación.

La película de las paritarias de 2022 comenzó con el año, cuando el gobierno fijó una pauta oficial de 45% que a poco de andar quedó desactualizada y tuvo su golpe de gracia con el 6,7% de aumento del costo de la vida en marzo.

Desde aquellos dias cuando la UOM, aceiteros, docentes, ladrilleros y trabajadores de Obras Sanitarias negociaron subas de 45% dos cosas cambiaron en forma palpable: los aumentos acordados treparon a la banda de 53/60% (Vestido, Comercio) y los períodos de revisión pasaron de 2 o 3 al año hasta 7.

Una de las dudas clave de los analistas es qué pasará con el régimen inflacionario, que ya subió un escalón de 3/3,5% mensual a comienzos de año a otro de 5/6% en estos días, después de que se conozca el jueves 12 la suba del índice de abril que, por ejemplo, Marina Dal Poggetto de EcoGo estima con un aumento de 5,8%.

El ministro Martín Guzmán, además de soportar la embestida feroz de Cristina Kirchner para que deje su cargo, inauguró la ola indexatoria al comprobar que ofrecer bonos y letras atados al CER (costo de vida) era casi el único camino que le quedaba para tentar a tenedores de pesos que solo quieren prestárselos a corto plazo y en el entendimiento de que el dólar está bajo un cierto control.

La deuda, al igual que los salarios ahora, se indexa en función de la expectativa de que la inflación será de 60% y esta semana se correrá el telón sobre el futuro de las tarifas de luz y gas.

Las audiencias públicas, que se realizarán entre martes y jueves para definir los aumentos, tienen como telón de fondo la pelea a capa y espada entre Economía y Energía y la aplicación de la segmentación tarifaria que todavía nadie conoce como se aplicará efectivamente.

En la carrera, desde ya, el dolar jugará sus chances frente a un dilema: cumplir con el compromiso con el Fondo Monetario Internacional de mantenerlo actualizado o retrasarlo en alguna medida para evitar una nueva contribución a la inflación.

En el arranque de mayo el Banco Central salió airoso en las primeras ruedas cambiarias logrando comprar más dólares de los que tuvo que vender.

El dato resultó alentador en un contexto en el que los consumidores ya comienzan a sentir la falta de algunos productos por restricciones de oferta: neumáticos, autopartes, automóviles, camiones, insumos para el sector agropecuario, envases, botellas están alcanzados por el fantasma de la escasez.

Los comerciantes reconocen que están trabajando más y que si no suben más las ventas es por restricciones de oferta más que de demanda. La emisión fuerte del año pasado con el cepo cambiario se tradujo en mayores ventas y ahora el gobierno busca consolidar el esquema con el plan “Platita 2” de los bonos compensatorios para jubilados, beneficiarios de planes sociales y monotributistas.

El límite a seguir expandiendo la demanda tiene dos vertientes: otro desborde aún mayor de la inflación o la falta de dólares para importar bienes y energía.

Desde el Banco Central retrucan que los importadores tienen “casi” todos los dólares que demandan y sacan a relucir que en marzo las importaciones llegaron a US$ 7.000 millones, un nivel alto que habría continuado en abril con operaciones de compras al exterior por entre US$ 6.500 y 6.800 millones.

Los funcionarios creen que los que demandan dólares para importar piden 50%  más de lo que necesitarían y en las empresas se escucha decir que el Central siempre les autoriza el 50% menos de lo que reclaman para poder pagar al dólar oficial.

El cepo está firme y en mayo se juega buena parte del ingreso de divisas del año y, en esta ocasión, con algunos cambios sensibles tanto en el panorama internacional como en la profundización de la crisis política del gobierno que demanda prudencia.

La entrada de las divisas del FMI y las de las exportaciones de granos y aceites ayudaron a consolidar una “pax” cambiaria al calor de que los dólares se mantuvieron controlados mientras que la inflación descontrolada alimentó la rentabilidad de letras y bonos ajustados por CER.

El gobierno aprovechó la situación vendiendo letras y bonos ajustados por CER que sirvieron para que bancos, compañías de seguros, fondos de inversión e inversores colocaran sus pesos apostando a una prolongación de la calma cambiaria, pero los tiempos podrían acortarse.

EE.UU. subió medio punto la tasa de interés de referencia e hizo temblar a todos los mercados del mundo. El dólar se fortaleció a nivel planetario y los países emergentes están devaluando sus monedas.

Un dólar más fuerte en general hace bajar los precios de los granos y materias primas. Además Brasil, el principal socio comercial, empezó a devaluar el real.

Para la Argentina, esa combinación puede ser dolorosa y más aún en un contexto de pérdida de poder del presidente y sus colaboradores. Las turbulencias impiden desatar los cinturones y el contexto no permite prever por cuanto tiempo más habrá que tenerlos ajustados.

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