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De Pilar al mundo: crearon un banco de bicicletas y la idea llegó hasta un lugar impensado

Con el concepto de la bicicleta como elemento transformador de la vida urbana, cuatro amigos buscaron la manera de ayudar a quienes no cuentan con un medio de transporte. Así, en enero de 2020, nació Voy en Bici, un proyecto de inclusión social que nació en el Conurbano, se expandió a todo el país y logró reconocimiento internacional. Ahora quieren crear el primer “banco mundial” de bicicletas.

“La bicicleta es el motor del desarrollo y puede cambiar muchas realidades”, cuenta Juan Cruz Gregorini (28), uno de los fundadores de Voy en Bici y actualmente a cargo de las relaciones institucionales. El objetivo de la asociación es darles una bicicleta a quienes hoy no tienen manera de movilizarse. Ya se implementó en la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires y algunos municipios del interior del país.

“Nosotros contemplamos lo que es el triple impacto. Lo medioambiental, lo social y lo económico con el fin de ayudar a las personas de bajos ingresos a tener un medio indispensable para poder salir adelante”, explica Gregorini.

“Es el tercer proyecto del emprendedor de la asociación, Julio Antuñano (56), que contemplaba la idea de ayudar a los comedores y merenderos con los que él ya tenía afinidad. Empezó a comprender la posibilidad de que la bicicleta podía transformar la vida urbana”, cuenta Gregorini. Los otros dos amigos que participaron del lanzamiento de Voy en Bici fueron Lucila Petri y Federico Ocampo.

Logo oficial de la asociación durante una jornada de donación de bicicletas. Foto Voy en Bici

Cómo funciona

Voy en Bici dispone de una página web (http://voyenbici.org) para que quienes tienen una bicicleta en buen estado y quieran donarla, se contacten. El rodado queda a disposición de comedores y merenderos de diferentes distritos para que aquel que la precise pueda recibirlo en base a su uso y necesidad. Las bicicletas no se regalan, se entregan y son parte de la comunidad para “generar esta idea de identidad y movilidad compartida”.

Entre los usuarios, muchos son vecinos que no cuentan con un medio para movilizarse a sus trabajos, adultos mayores que las usan para salidas recreativas, personas con discapacidad, comedores y merenderos que reparten comida por su zona.

Voy en Bici contempla también la entrega de bicicletas a niños y niñas. “Ellos son los más damnificados porque muchas veces la distancia a las escuelas rurales o públicas son largas”, marca Gregorini.

“Me ayudaron a poder salir de mi casa”

Hace tres años la vida de Alicia (56), vecina de Villa Morra, partido de Pilar, cambió por completo luego de que su médico le diagnosticara que tenía cáncer. Una situación que también se agravó con la llegada de la pandemia y las medidas restrictivas.

“Hoy no puedo viajar en colectivo o en remis porque tengo miedo. Y para todo lo que pasé me afecta el doble. Siempre fui muy independiente y estos dos años me hicieron entender que no. Porque todos me tenían que llevar y traer”, cuenta.

Desde hace tiempo que Alicia conocía a Julio y a Juan Cruz y, luego de comentarle por lo que estaba pasando, le llevaron una bicicleta a su casa. “Me ayudaron a poder salir de mi casa, que me era muy difícil”.

Poco a poco volvió a retomar las riendas de su vida y ahora hace mandados, viaja al hospital a continuar con su tratamiento y visita a sus hijos y nietos.“Los quiero mucho y son personas que no encontrás siempre. Para mí la bicicleta es todo. Me ayudó a ejercitar, porque antes tenía los pies adoloridos, y a tratar de manejarme sola”.

Bicicletas en la cárcel

Para la asociación, la bicicleta no es solo un objeto, sino que es un símbolo de oportunidades. Actualmente, cuentan con cuatro bancos de bicicletas y más de 50 donaciones. Uno de ellos se encuentra dentro de la Unidad Penitenciaria de San Martín.

Eduardo Oderigo, creador de “Los Espartanos”  y Julio Antuñano durante la firma del convenio. Foto Voy en Bici Argentina

“Eso lo hacemos junto a la Fundación Espartanos. La idea es generar no solo una segunda oportunidad en las bicicletas, sino también en las personas para que aprendan un nuevo oficio para arreglarlas. Con esto puede restablecerse en la sociedad con un trabajo que está emergiendo que es la bicicletería”, detalla Gregorini.

Idea de exportación

Poco a poco, la iniciativa fue creciendo hasta traspasar fronteras gracias a que el proyecto parte de la idea de una “economía circular”. “Arreglar una bici es económico, usarla es saludable y no contamina. Por ende estaríamos cumpliendo con la meta de descarbonización de los transportes”, dice Gregorini.

El año pasado fueron invitados a España a exponer su proyecto de crear el “primer banco mundial de bicicletas” en el Congreso de Movilidad Sustentable en Bilbao. “Eso nos sirvió muchísimo para catapultar la necesidad del compromiso de los países de Europa con los países sudamericanos que necesitan apoyo y financiamiento para poder seguir contemplando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de París”.

Durante el Congreso en Bilbao, España. Foto Voy en Bici Argentina

“Nosotros estamos comprometidos con ellos y cumplimos con diez objetivos de la agenda 2030 de las Naciones Unidas (ONU). Es un orgullo poder representarlo y estamos muy convencidos de lo que hacemos”, afirma Gregorini.

Pedalear hacia una Argentina más equitativa

El nuevo objetivo de la asociación es conseguir sponsors y patrocinios para que Voy en Bici sea sostenible en el tiempo. “Queremos encauzar a las personas de bajos ingresos para que puedan ser contempladas con sensibilidad en las políticas públicas”, dice Gregorini.

“Nosotros lo queremos hacer acompañándolo a través de la bicicleta que tiene un sinfín de beneficios y queremos seguir haciendo ruido y pedaleando juntos hacia una Argentina más equitativa. La bicicleta es el corazón, el impulso para salir adelante a través de un proyecto sostenible”, concluye.

MG

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