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Todo lo que damos regresa de alguna forma

Leí en un post que no es cierto que lo que damos regresa. Durante muchos años en mi vida creí lo mismo, hasta que comencé a ver las cosas de otra forma.

Vamos con ejemplos concretos: El caso de Ana.

Ella comenzó a trabajar en una empresa importante a sus 21 años, tenía un grupo de compañeros muy agradables y el ambiente en la oficina era bueno.

Ella llevaba postres o comidas una vez por semana, a modo de gratitud, porque era feliz en ese ambiente.

Ella no esperaba nada de nadie, sin embargo, casi todos la tenían en cuenta, y de alguna forma retribuían esa energía, ya sea siendo amables, o invitándola a sus hogares. Sin intención concreta, ella forjó esa energía y solo cosas buenas regresaban.

El caso de Juana, que entró a un nuevo colegio a mitad de un ciclo. Eso requiere un esfuerzo extra en integración, cosa que sus padres debían hacer, ya que Juana era pequeña.

A medida que pasaban los meses, Juana comenzó a invitar a un compañera, luego a otra y así.

Su mamá veía que entre los compañeritos se invitaban, pero nunca le tocaba la devolución a Juana. En su casa comenzaron a creer que había un problema con ella, o con ellos. Cuando iniciaron la etapa de coaching, vimos que solo era necesario revisar la expectativa y los valores. En la familia de Juana tenían valores de reciprocidad, de ida y vuelta, algo que es importante en las relaciones cercanas. 

Sin embargo, otras familias no tenían ese valor, o simplemente con quienes lo sintieran. 

Trabajamos en Juana el hacer sin expectativa. Era muy chica, sin embargo a medida que fue creciendo, si autoestima fue más fuerte y la vida le retribuyó a través de otras situaciones y nuevas personas de otros ámbitos esa energía.

El caso de Clara, una persona que a donde va lleva buena onda y una sonrisa. No espera nada de las personas, solo hace lo que ella quisiera que hicieran con ella, es generadora de su propio bienestar. 

Clara tuvo una vida con altibajos, por momentos necesidades económicas, por momentos situaciones familiares importantes, pero siempre tuvo la ayuda necesaria, siempre pudo salir adelante, siempre recibió de alguna forma esa misma energía que ella misma generó.

Entonces, a la declaración de este colega de que no siempre recibimos lo que damos, le agregaría, que es cierto, que muchas veces recibimos más, y que también puede que estemos recibiendo lo que damos, porque cuando damos, si esperamos algo a cambio, eso se está haciendo desde un lugar de carencia, y desde la carencia, vendrá carencia.

¿Qué opinas?, ¿Cómo fue tu experiencia? En mi caso, desde que soy consciente de que lo que doy regresa en cualquier formato, pero regresa, cuido mucho lo que pienso y siento antes de dar, amor, emociones, o cosas.

por Paula Cabalén

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