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Tiger Woods tocó los extremos en Augusta: jugó el peor Masters de su vida y se llevó una ovación que jamás olvidará

La ovación final fue enorme. Cuando su última bola ingresó en el hoyo 18 del campo de Georgia, la multitud se puso de pie y comenzó a aplaudirlo con ganas. Él se quitó la gorra, hizo una seña como agradeciéndole al público su apoyo incondicional, les estrechó las manos al español Jon Rahm, su compañero en la ronda final, y a los caddies de ambos, y se fue caminando hacia la Club House, con una enorme sonrisa en el rostro y acompañado de los gritos y los saludos de todos los presentes. Así finalizó la participación de Tiger Woods en el Masters de Augusta 2022, que fue, deportivamente hablando, la peor de su carrera. ¿Por qué, entonces, el festejo de los fanáticos y la felicidad y la emoción del ex número uno? Porque para él, haber completado las cuatro rondas fue un triunfo grandísimo e impensado hasta hace algunas semanas.

“Cuando llegué al torneo, tenía las mismas dudas que todos. Pero esto fue increíble”, afirmó Woods, de 47 años, tras completar el recorrido final con 78 golpes (seis sobre el par) y cerrar con un total de 301 (+13) para quedar muy lejos de los primeros puestos.

“Jugar en este torneo, con el apoyo gigante del público fue increíble. No fue mi mejor actuación, pero tuve el apoyo de todos. Tengo buenas perspectivas para lo que viene”, agregó quien volvió a jugar tras el gravísimo accidente de auto que sufrió hace 14 meses, por el que casi pierde la pierna derecha. 

Luciendo pantalón negro y remera roja, su uniforme tradicional de los domingos, el ganador de 15 Majors y cinco veces campeón de Augusta (la última, en 2019) sumó este domingo un birdie (en el hoyo 2), cinco bogeys y un doble bogey (en el 17 de par 4) y cerró con la misma cantidad de golpes que el sábado (tres birdies, cinco bogeys y dos doble bogeys). En las primeras jornadas, había firmado tarjetas de 71 (-1) y 74 (+2) para pasar el corte. 

Fue la presentación más floja en sus 24 participaciones en el torneo. Las anteriores habían sido las de 1995 (año de su debut en Georgia como amateur) y 2012, cuando finalizó con 293 golpes, cinco sobre el par. Los números, igual, pasaron a un segundo plano.

Para Woods lo más importante fue que pudo jugar otra vez un certamen en el nivel más alto del golf mundial.

“Las palabras no pueden describir lo que siento hoy ni lo que sentía hace poco más de un año. Haber podido jugar acá y completar las cuatro rondas, cuando hace un mes no sabía si podía hacerlo… Fue todo positivo”, aseguró Tiger, emocionado.

En el campo de las magnolias y las azaleas, en el que hace 25 años conquistó su primer Grand Slam, escribió un nuevo capítulo de resiliencia en su vida y protagonizó su regreso más difícil y el más inesperado.

Volver a jugar después del accidente del 23 de febrero del año pasado, en el que sufrió múltiples fracturas de la tibia y peroné de una pierna derecha que estuvieron cerca de apuntarle, fue un desafío mucho mayor que regresar tras sus diez operaciones de espalda y rodilla y las varias lesiones que marcaron su carrera. Pero su espíritu competitivo y su amor por el golf pudieron más. Y Woods resurgió de las cenizas.

Antes del arranque de Augusta había asegurado que sentía que su golf estaba en un gran nivel -lo demostró el viernes, en una primera vuelta en la que regaló tiros espectaculares y algo de magia- y que sentía que podía ganar el título. También había avisado que el mayor desafío sería ver si su pierna aguantaba las largas caminatas en uno de los campos más exigentes del PGA Tour.

Las duras condiciones climáticas de un sábado con mucho viento pusieron fin a sus ilusiones de gritar campeón, pero no amargaron a un Woods que, aunque volvió a tener una floja actuación en el cierre, ya a pleno sol, se fue contento.

“Es muy duro, tengo días en los que no puedo hacer nada y me duele mucho la pierna, pero tengo un gran equipo apoyándome, un equipo muy positivo, que me motiva y me ayuda en esos días que son tan difíciles”, comentó. “La parte más dura es la recuperación, los baños de hielo me duelen mucho, pero funcionan. No pude hacerlo sin toda esa ayuda y todo ese apoyo”.

La leyenda viva del golf le dedicó un especial agradecimiento a su hijo Charlie, que parece destinado a seguir sus pasos, su hija Sam y su madre Tida, con quienes compartió tras el final de la ronda un emotivo abrazo. Y también a los fanáticos que coparon el Augusta National y lo alentaron y ovacionaron durante los cuatro días de competencia.

¿Qué se viene ahora para Woods? “Ya no volveré a jugar un calendario completo. Iré sólo a grandes campeonatos”, afirmó, como había hecho ya a fines del año pasado. “No sé si jugaré en Southern Hills (NdR: Allí se jugará el PGA Championship, segundo Major del año, del 19 al 22 de mayo), pero sí estará en Saint Andrews, porque es la casa del golf y mi campo favorito de todo el mundo. Estaré allí”, comentó, confirmando su participación en el Abierto Británico, del 14 al 17 de julio.

“Qué haré de ahora hasta ese torneo, no lo sé. Voy a tratar, como hice semana, y veremos qué puede hacer este cuerpo”, sentenció Tiger antes de despedirse. “Viví días muy positivos en Augusta. Tengo que hacer algo de trabajo y mejorar, pero estoy listo para seguir”.

El ex número uno fue el gran protagonista del fin de semana en Georgia. No por dejar de rodillas a sus rivales como hizo tantas veces en el pasado. Si no porque, desafiando los pronósticos y a poco más de un año del accidente que casi le pone fin a su carrera, volvió a jugar, a competir y a disfrutar dentro de una cancha. Un regreso inesperado, pero celebrado por todo el mundo del golf. 

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