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Santoral del 1 de abril: día de Santa María Egipcíaca, la mujer que redimió todos sus errores en el desierto

La historia de Santa María Egipcíaca es un relato que se mantiene vivo en la Iglesia Católica 14 siglos después de haber sido narrada por Sofronio, Patriarca de Jerusalén (entre el 634 y el 638) en su libro Vita. Y su perdurabilidad habla de la humanidad de esa vida, de la posibilidad de cambio, de redención, de espiritualidad.

Nacida en una ciudad imprecisa de Egipto en el año 344, a los 12 años huyó de su casa a vivir a Alejandría en una nueva actitud para su vida que algunos escritos de la iglesia denominan “un deseo insaciable y una irrefrenable pasión”, mientras que otros analistas definen directamente como prostitución.

Alejandría era la ciudad portuaria de Egipto en la que los jóvenes de ese país querían vivir, claro. Y en ese nivel de lujuria y de “pecado eclesiástico” María Egipcíaca vivió 17 años. Y cuentan que planeó ir a la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, en Jerusalén, para conseguir nuevos socios para su lujuria. Y ofrecía a otros peregrinos favores sexuales para poder sufragar su viaje.

Santoral del 1 de abril: día de Santa María Egipcíaca./ AICA.

Pero tras unos días de pasiones terrenales en Jerusalén, algo cambiaría su vida para siempre. En el libro Vita, Sofronio relata que, cuando intentaba entrar a la Iglesia del Santo Sepulcro, una fuerza invisible la paró y le impidió avanzar. María Egipcíaca sintió en el acto que ese extraño fenómeno se debía a su comportamiento y se inclinó ante una figura de la Virgen María que estaba fuera de la Iglesia, y le rezó prometiendo renunciar a sus actos.

Cuando terminó de implorar, se dirigió a la Iglesia del Santo Sepulcro y entró ahora sin ningún problema y veneró la reliquia de la Cruz en la que había padecido Jesucristo. Cuando salió, fue a agradecerle a la Virgen, y dicen que escuchó una voz diciéndole: “Si cruzas el (río) Jordán, encontrarás un glorioso descanso”.

Ese mismo día se encaminó hacia el monasterio de San Juan Bautista, en la ribera del río Jordán, donde recibió la comunión. Al día siguiente cruzó el río y se retiró al desierto a vivir el resto de su vida como ermitaña. Allí, en ese desierto, cuentan que la encontró más de 40 años después San Zósimo de Palestina, un monje de larga vida que a los 53 años de había retirado a vivir a un monasterio desolado y básico en esa misma zona del desierto del Río Jordán.

Santoral del 1 de abril: Santa María Egipcíaca recibe la comunión de San Zósimo, en el desierto junto al río Jordán./ Iglesia Católica.

María la Egipcíaca estaba completamente desnuda y San Zósimo se sacó su pesada manta y la envolvió. Y ella le contó su vida, su ya larga vida. Después de comulgar, se comprometieron a encontrarse en el mismo lugar el domingo de Ramos del año siguiente, que era el año 421 o 422, según cuenta el libro Vita. Pero al año siguiente, cuando Zósimo fue a buscarla para darle la comunión ella estaba muerta. Y allí, en el desierto, la enterró y rezó a Dios puesto que Santa María Egipcíaca había logrado toda redención.

Otros Santos del 1 de abril

Santoral del 1 de abril: día de San Hugo de Grenoble. Obispo francés, siglo XII./ ACI Prensa.

  • San Hugo de Grenoble. (1053-1132). Canónigo y luego obispo francés, que trabajó en las reformas de las costumbres del clero y la cercanía con el pueblo. Fue en Grenoble, Burgundia.

  • Santa Quionia. (Siglo IV). Virgen de Tesalónica, en Macedonia. Bajo la persecución del emperador Diocleciano, por no querer comer carne sacrificada a los ídolos, fue martirizada y quemada en el año 304 de la era cristiana.

  • San Celso de Armagh. (1080-1129). Sacerdote irlandés que aportó significativamente a la restauración eclesiástica. Evangelizó en Ardpatrick, en la región de Munster. Y fue Obispo de Armagh.

  • San Gilberto de Caithness. (¿?-1245). Obispo escoses fundador de la iglesia catedral de Dornoch, donde dispuso lugar de hospedaje para los pobres. Murió en el año 1245.

  • San Valerio de Lauconay. (565-622). Abad nacido en Francia. Fue presbítero en Lauconay, cerca de Amiens. Y atrajo a muchos compañeros a la vida eremítica, de penitencia y oración.

  • San Venancio. (Siglo III y IV). Obispo de la antigua ciudad Salona, que fue martirizado al igual que compañeros de Dalmacia y de Istria. Anastasio, Mauro, Pauliniano, Telio, Asterio, Septimio, Antioquiano y Gayano son los otros mártires que hoy la Iglesia honra junto a San Venancio.

  • Santa Agape. (Siglo IV). Viren de Tesalónica, en Macedonia, que durante la persecución del emperador Diocleciano y por no querer comer carne sacrificada a los ídolos, fue martirizada y quemada junto a su compañera Santa Quionia en el año 304.

  • Hugo de Bonnevaux. (1120-1194). Hombre de gran caridad y prudencia, logró la armonía entre el papa Alejandro III y el emperador Federico I. Abad del monasterio de Bonneavaux, en el Delfinado, Francia.

  • Lodovico Pavoni. (1784-1849). Presbítero en Brescia, Lombardía, fue un italiano que ayudar a los jóvenes pobres fundó la Congregación de los Hijos de María Inmaculada.

  • Nuno Álvares Pereira. (1360-1431). Aristócrata, militar y religioso portugués nacido Palacio Flor da Rosa, dueño de una gran fortuna. A los 63 años decidió donar todos sus bienes e ingresó en la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo. El Rey Juan I de Portugal, solía pasar largas estadías con Nuno en el Convento do Carmo.

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