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Interna en la Rosada al rojo vivo: los insultos a Máximo Kirchner y el debate sobre cómo seguir

“Algunos se creían que era De Gaulle y para mí siempre fue un…”. La comparación hiriente y de final irreproducible la hacía este lunes uno de los muchos funcionarios que hablaron con Alberto Fernández en medio de la sorpresiva renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque de Diputados del Frente de Todos. El destinatario del insulto era, claro, el hijo de Cristina.

Sin que mediara pregunta de Clarín, el dirigente se descargaba sin parar: “Si esto te afecta tanto tus convicciones, andate. Váyanse. ¿Por qué no largan las cajas y los cargos en la ANSeS, el Ministerio del Interior, Aerolíneas? ¿Luana se va al Caribe pero al PAMI no lo suelta? Con esto te hacen el 2 – 1. El conserva su capital político y ella (por Cristina) queda como garante de la gobernabilidad. Les gustan los privilegios del poder, pero no la pelusa de tomar decisiones”.

¿Qué va a hacer ahora Wado? -se preguntaba el mismo funcionario-. ¿Cómo les habla a los gobernadores? Otros compañeros le bajan un poco el tono, pero para mí con esto se terminó el Frente de Todos. ¿Cómo siguen en el Gobierno si faltan dos años y Máximo dijo que no están de acuerdo con el programa económico?”.

Clarín habló con esta y otras tres altas fuentes del oficialismo/albertismo. Con matices, todas reflejaban su disgusto con la decisión de Máximo Kirchner.

Cayó muy mal la movida. Obviamente al Presidente también. Hoy, Alberto está tranquilo, la idea es que le vaya bien en el viaje, que es importante para el país. Y con el acuerdo bajo el brazo puede hacer el viaje con otras expectativas”, amplió otro funcionario. 

“Cuando vuelvan, van a charlar para ver cómo se sigue. Dentro del Gobierno hay quienes creen que se abrió una oportunidad para empezar a hacer cosas con más autonomía“, agregó la misma fuente. Autonomía de Cristina Kirchner, se entiende.

¿Pero no temen que la vicepresidenta vuelva a patear el tablero?, preguntó este diario. Los cuatro funcionarios coincidieron en que no imaginan un movimiento de Cristina para seguir revolviendo la interna. Creen, todos, que ya sería un intento desestabilizado (muy) riesgoso para el país.

Ya lo que pasó con Máximo fue fuerte. Nadie cree que venga una movida de ella“, aseguró uno de los dirigentes. “Ella tiene su postura clara con el tema FMI, pero también conciencia de su lugar y su rol”, se sumó otro. “Pegaron una piña y ahora dan un paso atrás y levantan la guardia”, cerró un tercero en jerga boxística.

Roces personales y dudas con el Congreso

Uno de los políticos que más conoce a Fernández se comunicó el lunes a la noche con el Presidente. “¿Querés que vaya a Olivos?”, se ofreció. “No, no, estoy tranquilo”, le respondió el mandatario.

“Todos los que hablamos con él o lo vieron, lo notaron muy tranquilo. Creo que obtiene crédito con la firma del acuerdo con el FMI, y gana su postura de estar más del lado occidental del mundo”, aseguró ese dirigente a Clarín, sin autocrítica por los yerros en la política exterior que tuvieron al propio Presidente en primer plano.

Luego, el mismo funcionario hizo un análisis de por qué hubo ruptura. “No tienen feeling personal. Se juntan, hablan, y lo que uno cree que le transmitió el otro lo entiende de otra manera. Massa y Máximo se llevan bien. Alberto y Massa se llevan bien. Pero Máximo y Alberto no. De todos modos, con el tema del Fondo, como con otros, el problema es que no se trazó una hoja de ruta, previa, y se intenta cumplirla. Entonces, para unos lo que Guzmán hizo era lo que había prometido y para otros no”.

El nombre del ministro de Economía aparece sistemáticamente en la discusión. Y la defensa de su gestión suena cada vez más laxa. Incluso dentro del albertismo: “En el Gabinete económico, lo critican porque pudo haber cerrado el mismo acuerdo hace 3 o 4 meses, y no lo hizo. Así, dilapidó las reservas, el blue se fue a 220. Y sobrevendió sus charlas con Cristina, que evidentemente no eran tan buenas. Ni el Presidente lo defiende con tantas ganas”.

Quien levantó el perfil y parte de sus acciones, en cambio, fue Matías Kulfas. El ministro de Desarrollo Productivo era otro de los apuntados por el kirchnerismo. Y tras un arranque de bajo perfil público decidió salir a responder las críticas. En un reportaje con Clarín, dijo no sentirse aludido cuando la vicepresidenta hablaba de “funcionarios que no funcionan”.

Máximo Kirchner habría incluso pedido que no llegaran al Congreso proyectos vinculados al área de Kulfas. Pero cuando convocó a extraordinarias, Alberto Fernández decidió incluir algunas iniciativas vinculadas a ese ministerio. Habría sido otro de los cortocircuitos entre ambos.

Qué puede pasar de ahora en más en el Congreso es otra de las grandes incógnitas. Dentro de los intercambios febriles del lunes a la noche, varios funcionarios contaban unos 24 diputados que responden al kirchnerismo duro y podrían votar en contra del acuerdo con el FMI. Otros creen -¿se ilusionan?- con que el corrimiento de Máximo Kirchner puede ayudar a destrabar el diálogo con la oposición. El fracaso en el tratamiento del Presupuesto, cuando el ahora ex jefe de bloque cortó abruptamente la negociación, dejó los puentes dañados.

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