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La Ciudad analiza bajar los días de aislamiento para los contactos estrechos vacunados

En la semana del récord de la pandemia con más de 100.000 casos diarios en todo el país, un relevamiento de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva mostró que si bien se triplicó la ocupación de camas de UTI por Covid, el porcentaje es de sólo el 12% del total. ¿Quiénes son esos pacientes que hoy están en terapia? El dato lo aportó el ministro de Salud de la Ciudad, Fernán Quiros: el 65% de ellos no están vacunados.

En una entrevista con Clarín, el funcionario porteño dio más precisiones, habló sobre los testeos y la evolución de la pandemia y no descartó cambios en el aislamiento de los contactos estrechos.

–¿Por qué no se vacunaron esos pacientes?

–No tenemos una investigación sobre las razones y menos los vamos a interrogar en la terapia. En noviembre, en el último corte del estudio de seroprevalencia, hicimos una encuesta y preguntamos quién no estaba dispuesto a vacunarse. Encontramos que el 91% de los porteños tenía anticuerpos detectables, por haber tenido la enfermedad, por haberse vacunado o por las dos cosas: al mismo tiempo, casi el 5% respondió que no quería vacunarse.

Cuando vemos las tasas de vacunación en la Ciudad, coinciden. Casi un 92% de vacunados con una dosis (86% con dos), casi un 4% que no se puede vacunar porque es menor de edad y un 4% que no inició el esquema de vacunación. La enorme mayoría de los porteños tiene voluntad de vacunarse. Los antivacunas son un tema verdaderamente menor, pero como en todas partes del mundo la internación suele estar empujada por los que no se vacunaron. En el sistema público, los internados por Covid son unos 60 pacientes. Ninguno recibió las tres dosis.

–Un 25% de internados tiene dos dosis. ¿Cuál es su perfil?

–Tienen comorbilidades. Pero miremos los mismos números desde otro lado. Pre Ómicron, cuando tenés la doble dosis dada en los últimos meses, te baja el 90% el riesgo de ingresar a terapia y morir. Y con Ómicron se estima que esa protección es aún mayor. Los terapistas describen que los pacientes que llegan a terapia tienen una internación más leve y más corta.

–En las olas anteriores, el ingreso a terapia era prácticamente una sentencia de no salir. ¿Eso cambió?

–Hay muy poca experiencia aún para hacer cualquier afirmación, son sólo los dichos de los profesionales. En las olas anteriores, los pacientes que entraban a terapia fallecían entre los 10 y 20 días. La mortalidad intraterapia era de entre el 50% y 60%. Efectivamente, más de la mitad de los pacientes que ingresaban a terapia no podían salir. 

–¿En las camas intermedias se da esta misma relación?

–Sí. Hoy en la Ciudad tenemos, en promedio de los últimos 7 días, unos 10.000 u 11.000 casos por día con 60 camas UTI en el sector público y 240 en el privado. En el peor momento de la ola de abril y mayo, eran 3.300 casos con 450 camas en el público y 1.100 en el privado. Sin la vacunación, esto sería una verdadera catástrofe.

–¿Y cómo está el ritmo de vacunación hoy?

–Somos la jurisdicción que más dosis aplicó. Vacunamos al 1% de los porteños por día. En enero nos focalizamos fuertemente en el refuerzo, al pasar de 5 a 4 meses hay 700.000 personas que ahora están en condiciones de vacunar. Con los adolescentes es parecido al grupo 20-29, 80% de esquema completo. El 65% de los niños se aplicó la primera dosis y casi el 50%, la segunda. Pero de esos 11.000 positivos por día, el 80% tienen entre 20 y 59 años. Es la gente que sale, trabaja, se encuentra.

–Vemos las imágenes de la gente en la Costa como en la prepandemia. ¿Qué piensa de eso?

–Acá hay dos niveles para discutir. La primera discusión ya la tuvimos a lo largo de la pandemia: una cosa es la interacción social de riesgo y otro lo que vemos. Los runners, la gente en las plazas, mientras que pasaban un montón de encuentros sociales puertas adentro. Pero en el diario sale la foto de tal en el parque.

Hay que entender muy bien donde ocurren los contagios. En diciembre la cantidad de personas que se encontraron en lugares mal ventilados fue enorme. Cada porteño tuvo 1, 2 o 3 encuentros semanales con grupos con los que no convive. El riesgo es infinitamente mayor que una playa llena de gente, porque la mayoría de las interacciones en vacaciones son entre grupos relativamente contenidos, familia o amigos. Ahora, la imagen de la playa es mala, porque naturalmente hay mucha gente sin ningún tipo de protección con pérdida de distancia. Es símbolo de verdaderamente lo que uno no quiere ver.

–Cuando esos turistas vuelvan, ¿van a aumentar los contagios?

–No sucedió el año pasado. En enero hubo mucha actividad turística, pero lo más importante de la curva se dio en los primeros 20 días del mes porque el mayor tema fue la interacción social de diciembre. Veremos si este año se da de la misma manera.

–¿Cuánto es la circulación de Ómicron en la ciudad?

–Ya es mayoritaria. Hay un componente de comportamiento social, que tiene que ver con los cuidados, y otro que es el comportamiento biológico de la variante. Ómicron hace el ciclo de contagio en menos días, por eso las curvas ascienden mucho más rápido. Esperamos que esta curva no sea tan larga como la primera ola y que sea un poco menor de la segunda. En la Ciudad esperamos una ola que dure enero y tenga algún componente de febrero.

–¿Analizan en este escenario algún tipo de restricción? 

–En Buenos Aires los aforos son espontáneos porque la gente viaja a los lugares turísticos. Será un debate para febrero o marzo. Hoy no lo vemos necesario por el grado de vacunación y por la separación de los casos positivos respecto de los graves.

–¿Cómo está hoy la demanda en los centros de testeo?

–Se sostiene aún. Por día hacemos en el sector público 50.000 testeos, a veces llega a 60.000, es un número enorme cuando toda Argentina reporta 200.000 en los días de testeo alto. Cada 50 porteños, hay uno que se testea por día. Más de la mitad son contagios nuevos, es importante porque Ómicron da mucho cuadro asintomático o con síntomas mínimos. Vamos a acompañar la ola con más testeos, inauguramos un centro en el Colón y otro en Chacarita y sumamos unidades móviles. La confirmación de la enfermedad facilita el cumplimiento del aislamiento y la búsqueda de contactos estrechos. Vamos a seguir con la confirmación por testeo.

–¿El autotest cambiará la forma de confirmación?

No. Es responsabilidad del farmacéutico cargar los resultados y de la jurisdicción que eso ocurra. Los positivos se cargarán en el SISA como sospecha de Covid y eso se va a confirmar por PCR.

–El ministro bonaerense Kreplak cuestionó el sistema de carga.

–Hay algo importante: las personas se hacen autotest cuando tienen dificultad para acceder al test, porque nadie paga por algo que podés acceder gratis. Para que no sea disruptivo, hay que ampliar la estrategia de testeo. El gran peligro del autotest en alguna jurisdicción en la que no tengas acceso al test es que puedas perder el control de la pandemia.

–Los aislamientos de los contactos estrechos están impactando en la producción y en la atención médica. ¿Hay que eliminarlos en los vacunados sin síntomas como en Uruguay?

–Hay que tener mucho cuidado porque esta es la típica situación de tensión entre necesidades. De un lado tenés necesidad obvia del sistema de salud y para la operatoria social. Del otro, hay que hacer volver a la menor cantidad de gente posible al trabajo con riesgo de enfermarse porque si vuelve un empleado enfermo, ganaste uno y al día siguiente estás peor porque se enfermaron 10. Estamos evaluando alternativas y en estos días vamos a hacer alguna propuesta.

–¿Cuál sería?

–Estamos analizando con grupos de expertos la posibilidad de acotar algunos días con una estrategia de testeo muy intensiva. Bajar algunos días pero dando garantía de testeo permanente, porque sabemos que con dos dosis podés portar la enfermedad. Estamos terminando de hacer análisis técnicos para definir una normativa no sólo técnicamente correcta sino viable en su cumplimiento.

–¿Les preocupa la flurona?

–Es una problemática del hemisferio norte que los virus respiratorios circulan al final del otoño. Hoy no es una problemática, pero lo puede ser a partir de abril. Pero esperamos llegar con una situación de Covid diferente a la actual y entonces ocuparnos en vacunar intensivamente contra la gripe.

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