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Mostaza Merlo: cómo pensó al Racing campeón 2001, la presión de Marín para jugar en plena crisis y cuándo supo que quedaría en la historia

El tiempo parece inalterable para Mostaza. Con la melena siempre dorada, un distintivo de ese león que rugió en uno de los históricos mediocampos de River. La misma que lo acompaña desde sus primeros pasos como entrenador, en los lejanos ochenta, al frente de Los Andes.

Está más flaco que hace dos décadas, pero no cambia la marca del polista: hoy luce una chomba multicolor; ayer, dos camisas azules, una a cuadros, que vistió durante la inolvidable campaña del Racing campeón 2001.

“Las tengo planchadas y dobladas en un rincón de mi placard. No las volví a usar después de aquel campeonato”, cuenta mano a mano con Clarín, café mediante en Cook, un bar de Belgrano que es su nuevo reducto, donde se junta con la banda de amigos de siempre, esos que esperan pacientemente el final de la entrevista.

Ahí está Reinaldo Carlos Merlo, de vuelta al ruedo a los 71 años, metiendo los pies en el barro del Ascenso. Hacía dos temporadas que no dirigía. La última vez fue otra Academia, la de Córdoba en el Federal A. Ahora es el entrenador de Defensores Unidos de Zárate. Su presidente Diego Montero lo llamó y el hombre del paso a paso no dudó. “Tenía ganas de volver a trabajar. Esto es una pasión”, dice con una sonrisa. Lo secundará su entrañable e inseparable ayudante, René Daulte. El preparador físico será Pablo Mansilla, otro de sus habituales colaboradores.

Y desliza con entusiasmo: “Arranco la pretemporada en enero, creo que me voy a quedar cuatro días allá porque es mucho viaje. Hay un buen plantel. Volvió (Javier) Velázquez, que estaba en San Telmo y es el máximo goleador del club, nos estamos armando bien”.

-¿Esperabas un llamado a esta altura de vida?

-Y… la esperanza siempre está. Algún sondeo tuve, pero no es como antes que me sonaba el teléfono todo el día. Entiendo que son las reglas del juego.

Claro que el encuentro con este veterano técnico no tiene que ver, fundamentalmente, con su regreso a la actividad. La charla con Mostaza es un viaje al pasado, hasta 20 años atrás, exactamente. Al 27 diciembre de 2001, el día que Racing espantó todos los males en la cancha de Vélez. Fue una semana después del viernes negro, cargado de tensión social, saqueos y un Gobierno desarmado que terminó con Fernando De La Rúa a bordo de un helicóptero. Imágenes tristemente célebres para la historia de Argentina.

En ese contexto, el hincha de la Academia igualmente fue feliz. Y mucho tuvo que ver este técnico que ostenta el bronce en el Recinto de Honor del Cilindro. El que recuerda cada detalle, tan vivo, como si no se hubiera quemado el almanaque. Fue una experiencia muy intensa, claro.

Mostaza Merlo recuerda al Racing campeón en Cook, el café de Belgrano donde se junta con sus amigos. Foto: Rafael Mario Quinteros

Mostaza no necesita hurgar mucho en su memoria. Las palabras fluyen con una vigencia increíble. “Me fueron a buscar en octubre de 2000 y terminé arreglando en diciembre. En ningún momento dudé en aceptar el desafío. Al contrario, fue un orgullo. El primer objetivo era no jugar la Promoción. Había que hacer 29 puntos para salvarnos del descenso. Y de las dos incorporaciones podíamos usar una sola. A (Luis) Rueda, porque al chileno, que había jugado en Europa, lo pudimos utilizar muy poco”, recuerda. La referencia tiene que ver con Pablo Contreras, quien tenía una inhibición de la Justicia francesa por un pasaporte adulterado.

Así se armó el Racing campeón

En el Clausura 2001, Racing consiguió esos 29 puntos. “De ese equipo quedaron (Carlos) Arano, (Claudio) Ubeda, (Adrián) Bastía, (José) Chatruc, (Diego) Milito y (Maximiliano) Estévez. Compras hubo sólo hubo dos: (Gustavo) Campagnuolo y (Gabriel) Loeschbor. A los que llegaron a préstamo los conocía todos: traje a los dos colombianos que habían sido rivales míos cuando dirigía Atlético Nacional en el ‘99, (Gerardo) Bedoya y (Alexander) Viveros. (Martín) Vitali quedó libre de Independiente y nos fuimos armando. Gustavo (Barros Schelotto) había terminado su contrato con el Villarreal. (Fernando) Marín me ofreció a (Francisco) Maciel y le dije que sí, que era un jugador versátil, que podía jugar en todos los puestos. Después, estaba entre el Rafa (Maceratesi) y un colombiano; me decidí por el Rafa”, relata.

-¿Y cómo era ese joven Milito? ¿Le veías semejante futuro en Europa?

– Estaba dentro de los chicos del club. Ya se veía que tenía muchas condiciones. Jugaba por izquierda, por derecha, por el medio, la mayor virtud fue su evolución, resultó clave. Acá tenía partidos fenomenales, las condiciones las tenía.

-¿En qué contribuiste con su formación?

-Trabajé mucho el cabezazo. Nos quedábamos en el Hindú Club a cabecear, le decíamos que era importante para él. Por el salto, que abra bien los ojos, lo íbamos siguiendo permanentemente.

Milito celebra su gol en la victoria sobre Colón del Racing campeón de 2001.

-¿Sentías la presión de ganar el campeonato?

-Uno va transitando el día a día, el partido a partido, otra no quedaba. A la sexta fecha agarramos la punta, nos pedían el título y no podíamos jugar al compás de la gente. Hablaba mucho con los jugadores. Era un equipo con mucho carácter y eso era importante.

-¿Cuándo te diste cuenta de que iban a ser campeones?

-Nosotros teníamos un partido muy difícil con Colón de local. El equipo de (José) Fosatti era bravo. Era un sábado, ya habíamos terminado de trabajar, y yo les dije a Campagnuolo y a (Barros) Schelotto, que estaban a un costado, sentados: “Si mañana ganamos, tenemos posibilidades de ser campeones”. Ganamos 2 a 1. Después les pregunté cuando terminó todo y ellos creyeron que yo estaba loco. Pero sabía que si sacábamos adelante ese partido dificilísimo… Quedaban Estudiantes, Chacarita, pero “el” partido era con Colón.

-Nombraste a Estudiantes, justamente, y ese fue otro de los partidos históricos en la vieja cancha de 1 y 57. De perder 2 a 0 a ganar 3 a 2. ¿Cómo dieron vuelta el resultado? ¿Cuál fue la clave?

-Ese día cambiamos la táctica. Pasamos a jugar 4-2, Chatruc libre y tres puntas. Saqué a Gustavo ese día porque se peleaba con la hinchada de Estudiantes, no me acuerdo qué le decían. Perdíamos 2 a 0, me decidí con tres puntas y nos quedamos con cuatro atrás. Ese día no estaba Bedoya, suspendido. Jugó Arano, que hizo un partido bárbaro. Nos quedamos con un triángulo atrás: Loeschbor, Ubeda y el Polaco Bastía.

La tapa del Deportivo de Clarín del día después de la remontada del histórico partido en La Plata frente a Estudiantes.

-Bedoya fue otro de los jugadores decisivos por su gol contra River, en la 16ª fecha.

-Ese día jugó de volante. No estaba Chatruc, entonces improvisé en la mitad de la cancha. Bedoya era un gran profesional, un fenómeno, practicamos un poco el jueves y el domingo arrancó ahí y Arano en el lateral.

-¿Se sorprendió cuando lo elegiste para la mitad de la cancha?

-A Bedoya no lo sorprendía nada. Era un jugador fenomenal. Tenía una gran personalidad, una enorme técnica y jugaba bárbaro.

El Paso a Paso

Parecía una frase trillada, casi una muletilla. Sin embargo, en cada charla con los periodistas, Merlo contestaba: “Hay que ir paso a paso”. Y esa respuesta, casi sin proponérselo, terminó siendo parte de la historia de Racing y del fútbol argentino. Los hinchas lo hicieron una canción.

-¿Cómo nació el Paso a Paso?

-El periodismo preguntaba, preguntaba y preguntaba… Y yo no podía contestar al sexto partido, cuando habíamos llegado a la punta, qué íbamos a ganar el campeonato. Después fue más explosivo por el título.

-¿Y por qué lo dijiste contra Banfield, en la 17ª fecha?

-El cálculo mío era que íbamos a ser campeones contra Lanús, en la penúltima fecha. Y, bueno, a veces desde el banco no se ve bien el orsai (sic), pero los que nos cobraron ese día… Estévez estaba habilitado. Hay un video que se ve en el que digo que “no fue orsai”. Y yo me quedé hasta el final, pensando y cuando iba caminando hacia el túnel, Tití (Fernández) me pregunta si tenía miedo. Estaba enojado porque tendríamos que haber ganado 2 a 0. Hablé con los jugadores, el cuerpo técnico y los utileros. No dejé entrar a nadie. Los tranquilicé, le dije lo que había declarado y les pedí que no hablen ellos.

-¿Y el partido con Vélez cómo lo viviste?

-Con los nervios lógicos que podés tener en un partido final. Uno siempre quiere coronar. Jugábamos con Vélez, en su cancha, siempre es un rival difícil. Pero confiaba a muerte en los jugadores.

-¿Cómo manejaste la ansiedad de los hinchas?

-Antes del partido con Lanús, estábamos entrenando y rompieron una reja de la boletería. Escuchamos el ruido. Después, no podíamos cruzar el Puente Pueyrredón. Tardábamos 50 minutos. Fue increíble. Y Racing llenó dos canchas. Nunca pasó. La de Vélez y el Cilindro.

-¿Qué fue lo primero que se te cruzó en la cabeza cuando Gabriel Brazenas marcó el final y Racing fue campeón?

-No se puede explicar con palabras. Es algo muy lindo, algo que coronaste, maravilloso. A mí Racing me dio la gloria como entrenador. Ser campeón es muy fuerte, sobre todo cuando lo estás esperando 35 años.

Ser campeón en el medio la crisis social

Saqueos, un Gobierno partido, violencia y Racing a punto de ganar el título que sus hinchas esperaron durante siete lustros. No se podía jugar al fútbol en la Argentina. El cimbronazo social, la crisis, casi hace que se suspenda el campeonato.

-¿Cómo viviste esos días?

-Mal. Nosotros nos reunimos y estábamos para jugar, pero no dependía de nosotros. Hablé con Marín y lo arregló con (Ramón) Puerta, que era el presidente en ese momento. Al final, jugamos nosotros con Vélez y River con Central. Además, no era lo mismo salir campeón en febrero. Pasamos concentrados Navidad. Hablamos con los jugadores de que no se pasen con las comidas en las Fiestas. Ellos querían el título a muerte y se cuidaron.

-En algún momento de esa semana, ¿te costó dormir?

-Y… algunas noches dormí poco. Previo al partido con River, por ejemplo. River tenía un equipo que era la Selección. Tenían a Comizzo, Ayala, Garcé, Yepes, Coudet, Ledesma, Cambiasso, Zapata, Ortega, D’Alessandro y Cardetti. Habíamos sacado esa ventaja y no la podíamos perder.

La estatua y chau cábalas

Hay dos figuras de bronce en el acceso a la Platea A, la mejor ubicación del Cilindro. Se trata de los dos técnicos más trascendentes de la historia de Racing. Una es de Juan José Pizzuti, aquel entrenador con el que la Academia conquistó América y el mundo en 1967. La otra pertenece a Mostaza, el que terminó con la abstinencia de títulos locales.

-¿Qué te generó la estatua?

-Ya se hablaba desde mucho antes que el técnico que sacara campeón a Racing iba a tener una estatua. Yo lo tomé como algo simbólico de todo Racing, la hinchada, los jugadores, los dirigentes. La fui a ver antes de estar terminada. Fue medio difícil, algo impactante.

-Y tenía los cuernitos. Tiempo después confesaste algún arrepentimiento por las cábalas. ¿Por qué hacías ese gesto o usabas siempre las mismas camisas?

-Qué sé yo… Llega un momento en el que te volvés loco. Ya está, ya lo hice. No quiero más cábalas. Me hizo cambiar la experiencia. Y verte… No te gusta mucho verte haciendo cuernitos. Se habla más de eso que de fútbol.

-¿Y las camisas?

-Lavadas, planchadas y guardadas. Yo estoy en un almanaque de Racing campeón con una azul. Tenía otra que usaba y jugamos con Boca, que se tenía que ir a Japón. No estábamos acostumbrados. Perdimos, nos ganaron bien, tenían un equipazo. La cambié contra Gimnasia.

-¿Te arrepentiste de volver?

-No, porque Racing te motiva. Y la gente, también.

El 1×1 de Mostaza

Gustavo Campagnuolo: Un jugador que transmite seguridad, con personalidad. Dentro y fuera de la cancha. Fue muy importante, un baluarte.

Martín Vitali: Era una maquinita que iba todos los tiros y terminaba la jugada.

Gabriel Loeschbor: Juego aéreo, a veces sobraba y lo hacía bien. Y cuando teníamos pelota parada a favor, era un arma clave. Nos daba mucha seguridad.

Francisco Maciel: Un polifuncional, versátil, podía jugar por todos lados.

Claudio Ubeda: Jugador de experiencia, lo hacía marcar en zona porque tenía a Vitali y Bedoya en los laterales. Un buen jugador, con personalidad, juego aéreo. Hablaba dentro de la cancha.

Gerardo Bedoya: Era marca y salida. Para jugar con cinco atrás, necesitábamos laterales que vayan al ataque.

Adrián Bastía: Jugaba solo en el medio. Con mucha personalidad, quite, otro que hablaba adentro del campo, quite y buen destino de balón.

Barros Schelotto: Gustavo era salida por derecha, hablaba, ordenaba. Importante.

José Chatruc: Iba por todos lados y terminaba de delantero. Era temperamental, estaba técnicamente muy bien, llegaba al gol.

Maximiliano Estévez: Era gol, pícaro, hacía las diagonales.

Diego Milito: Se movía por todos lados. Izquierda, derecha. Ya se le veía un futuro enorme.

Rafael Maceratesi: En el final, algunos jugadores sintieron el cansancio. Luchaba, aguantaba la salida, terminó jugando.

Alexander Viveros: Entraba y tenía la pelota. Era muy hábil.

Leonardo Torres: Arrancó jugando, tenía buen remate, técnica, jugador frío, de clase.

Javier Lux: Entraba y aportaba lo suyo en la mitad de la cancha.

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